
Ha recibido el premio Junceda 2008 multimedia, desde su estudio de Barcelona.
–¿Cómo llegó hasta Barcelona?
–Me vine a estudiar Bellas Artes hace 15 años y ya me quedé. Me salió un trabajo con una beca y acabé fundando este estudio. Y estoy contento.
–Barcelona es una potencia en el diseño nacional.
–Sí, una gran potencia. Pero ahora en Aragón están trabajando mucho y bien, ya es una tierra con nombre.
–¿Sabe las causas?
–Hombre, yo creo que la instalación de Isidro Ferrer ha sido determinante. Su presencia ha reunido a una serie de gente que está haciendo grandes cosas. Hace tres años nos juntamos en Huesca varios ilustradores y pensamos en fundar la Asociación de Ilustradores de Aragón, pero no fue posible, no era el momento. Creo que lo haremos pronto.
–En estos tiempos no necesitaría usted residir en Barcelona.
–Es verdad, ahora con internet no es preciso vivir en una gran ciudad. Yo tengo clientes a los que no conozco su rostro. Clientes de Londres o de México, con los que nos comunicamos por internet.
–Bueno, pues vaya buscándose una buena casa en el Pirineo.
–Me encantaría, porque me gusta mucho la montaña. Pero creo que aquello está ahora superpoblado, no queda nada, ja, ja…
–¿Trabaja para Aragón?
–Sí, sí. Con Imaginarium tengo dos libros, uno de ellos es un superventas. Se llama ¿De quién son estas patas?, y es una colección de pegatinas de diversas patas de animales. Se vende en varios idiomas. Y para la DGA hice San Jorge y el dragón, con Susana Landívar.
–Usted trabaja a menudo con el propio ordenador.
–Sí, incluso el premio que me han concedido viene por ese trabajo. Es una ilustración a base de pixels, que es un trabajo de chinos, muy meticuloso.
–¿Por qué le dieron el premio?
–Hombre a mí me lo dieron en el apartado informático, por el pixelado. La Asociación de Ilustradores de Cataluña es la más potente de España, con 500 socios, y desde hace cinco años otorga estos premios.
–No ha hecho nada para la Expo.
–La verdad es que es culpa mía; no presenté ningún proyecto. Aquí hace años que trabajo para las fiestas de la Mercè, donde hago las ilustraciones de los juegos infantiles.
–Y el cartel del Pilar también es un reto para un ilustrador.
–También, es verdad. Pero nunca me he presentado.
–¿En qué anda ahora?
–Estamos treinta ilustradores con un proyecto bien bonito, que consiste en ir pasando el trabajo de uno a otro, de mano en mano. Uno dibuja algo y se lo pasa a otro para que lo continúe.
Por Joaquín Carbonell (El Periódico de Aragón)